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lunes, 13 de diciembre de 2010

Vino y miel

Fundidos    el vino    y la miel.
Se rompe/
    el odre fermentado de la angustia.

A tu piel me vuelco....
    me hechiza el placer
        de hundirme en tus entrañas.


Me rescatas del abismo
    en tu propio abismo.
En sublimado alcohol/
    vuelo/
y es perderme aventurero
    en las vértebras insondables del mar.
Es sacudir el polvo de mil caminos
    en tu cabellera suave
        derramada
            entre tus pechos asomados.

Huyó la sombra del miedo
    con la luz calma de tus ojos...


Ahora cruzo nuestra esencia
    con las líneas insulsas
        de mis versos.


Es    la feliz hora    fisionada
    de mi hastío.
Son los golpes certeros
    de tus caricias
        la hora en que se funden las almas.


Y yo soy el vino...
    tú la miel.


Autor: Juan C. L. Rojas

jueves, 2 de diciembre de 2010

El gozo de verte

Que bueno es verte
     a pesar de todo...
de lo imposible
    que con puñales
        criba el alma.
A pesar del completo deseo
    y solo las migajas.

A veces es mezquina la vida
    y nos da
         nada más   nada menos/
 sus pequeños tesoros.

Que bueno es
    solo verte...
¡aunque arrimar su hocico
    quieren
los perros que aúllan
    en mi corazón!

Que bueno es verte
    aunque se gasten mis ojos, así...
y mi pecho de suspiros.
Que bueno es verte
    aún con el dolor
        de saber que partirás...
    que sufrirá ausencia
        la posibilidad perdida
            de enlazarse nuestras manos.

En tanto tus ojos    a sabiendas/
    no paran    en su fugaz mirada/
¡Llegan hasta el rincón
    donde te adoran mis sueños!
                     ...
Si rompo con mi silbo
    histriónico e indiferente
        en los patios desiertos
    mentiroso es mi andar
        mi cordura es falsa
pero...
¡tan real
    mi gozo de verte!

Autor: Juan C. L. Rojas

jueves, 11 de noviembre de 2010

La tarde cómplice

Se encendió en crepúsculo la tarde
    cuando ya no estabas
y en tropiezo de sombras
    sucumbí a tu ausencia.


Rodó la tarde en pasillos largos
    túneles de oscuridades quietas...
        y me habló con su voz silente.


Desde sus banderolas
    los salones me espiaron discretos...
        y entre tanto
            de ti me habló la tarde
        desde su corazón misterioso    al mío.


Cayó mi sombra cabizbaja/
mis brazos rendidos/
mi rostro en bandejas
    de fríos pasamanos/
Metales hirientes
    de brumosas escaleras.


En sollozos    sordos
    confundí
        una voz rumorosa...


Resignada a la noche
la tarde cómplice
    consoló mi quimera
        acarició mi esperanza.


¡Oh, esperar de nuevo!...
¡Un día siguiente
    para los besos rescatados!
¡Para liberar en júbilo
    a nuestros prisioneros esplendores!


Autor: Juan C. L. Rojas

Gracias a todos por vuestra generosidad en participar. Un abrazo.