...¿Audacia? ¿Publicar un montón de palabras sobre algo tan desfavorecido en el concepto como es la temática del amor?... Puesto que es implícitamente universal, me autoriza a incluírlo en el cantón de la poesía... Los vaivenes del amor van de la carne al espíritu, y del espíritu a la carne... Transita un laberinto muchas veces escabroso, por las circunstancias que crea el mundo, al que no le es fácil amar ni ser amado.
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sábado, 13 de febrero de 2016
Noche rendida
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jueves, 29 de octubre de 2015
Del primer poema, "Puente inalcanzable"
Ya dije, en otras palabras, que la voluntad amorosa es una historia de vaivenes. Un haz de pensamientos de donde en algún momento se sueltan las preguntas: ¿Es este el camino o es el otro?... ¿O no son ninguno de los dos?
Sin embargo, el amor se gesta llevando en sí una esperanza. Hay una chispa misteriosa que lo enciende; y el viento de las circunstancias mueve sus flamas de aquí para allá; avivando o amenazando apagar; o definitivamente extinguiéndola por diferentes razones.
Crepita a veces su ardor, quemándose como ramas secas, con intensidad doliente; Y en los desafíos tormentosos se yergue más firme, con todo el valor acrecentado.
Ya en pleno laberinto, ¿cuál es el camino verdadero?... Y si el camino es correcto, ¿cuál el sentido?
Eso que una vez surgió como una esperanza, de repente se puede tornar distante, pero a su vez, poseso de una fuerte atracción "gravitacional", placentera y dolorosa. Sufrimiento que puede empujar, incluso, aguzando la inquietud existencial, abriendo un libro de paradojas, nutrido del ávido deseo y el aparentemente irremediable arrepentimiento.
Esta puja insalubre tienta renegar de la senda acaecida, o surge el anhelo, la añoranza retroactiva de que la circunstancia que condujo a este nudo hubiese sido diferente... Soñar el milagro del desconocimiento de esta realidad "sortílega" caída en las manos del amante... Desear la habitación de otros continentes desposeídos de estos cataclismos del espíritu.
Así, de repente, el sentimiento de que esta conjunción, no hubiese sido tal, sino sólo, algo distante. Sólo un sueño, Algo que pasó ¡lejos! sobre un puente inalcanzable...
Así surgió, "Puente inalcanzable".
Del libro: "Amor... Laberinto de dulzuras y tristezas"
Autor: Juan C. L. Rojas
Sin embargo, el amor se gesta llevando en sí una esperanza. Hay una chispa misteriosa que lo enciende; y el viento de las circunstancias mueve sus flamas de aquí para allá; avivando o amenazando apagar; o definitivamente extinguiéndola por diferentes razones.
Crepita a veces su ardor, quemándose como ramas secas, con intensidad doliente; Y en los desafíos tormentosos se yergue más firme, con todo el valor acrecentado.
Ya en pleno laberinto, ¿cuál es el camino verdadero?... Y si el camino es correcto, ¿cuál el sentido?
Eso que una vez surgió como una esperanza, de repente se puede tornar distante, pero a su vez, poseso de una fuerte atracción "gravitacional", placentera y dolorosa. Sufrimiento que puede empujar, incluso, aguzando la inquietud existencial, abriendo un libro de paradojas, nutrido del ávido deseo y el aparentemente irremediable arrepentimiento.
Esta puja insalubre tienta renegar de la senda acaecida, o surge el anhelo, la añoranza retroactiva de que la circunstancia que condujo a este nudo hubiese sido diferente... Soñar el milagro del desconocimiento de esta realidad "sortílega" caída en las manos del amante... Desear la habitación de otros continentes desposeídos de estos cataclismos del espíritu.
Así, de repente, el sentimiento de que esta conjunción, no hubiese sido tal, sino sólo, algo distante. Sólo un sueño, Algo que pasó ¡lejos! sobre un puente inalcanzable...
Así surgió, "Puente inalcanzable".
Del libro: "Amor... Laberinto de dulzuras y tristezas"
Autor: Juan C. L. Rojas
jueves, 10 de abril de 2014
Nuevas estrellas
Por fin
detuve un momento
mi traviesa locura de niño.
Tras un golpe contra el horizonte, pude bajar
del caballo desbocado
que espolearon mis sueños.
Volví entonces mis ojos
de esas llanuras sedientas...
aquellas que insuflan
anhelos ardientes en el corazón/
¡Candor del pecho/
buscador de montañas imposibles!
Volví mis pasos.
¿Se rindieron acaso?...
Se aquietaron
para envejecer aún más
su cansada esperanza.
A mi espalda
vi un mar gris opaco/ brumoso...
¡Tantos ojos marchitos!
Vi a la pasión anhelante.
¡Ella era/ es/
el combustible del sol
quemando las alas de la vida!
Regresé del camino de la ilusión
tras la cortina lluviosa de las lágrimas.
Caminé sobre continentes antiguos
de sueños perdidos.
Amarrado en sus puertos
había barcos en cenizas humeantes.
Dejé en cada altar de sus mástiles
la bendición de un suspiro
y en el último
la rendición de mi espada.
Monté otra vez
con humildades nuevas
con tristeza dura/
con rumbo incierto/
El trote es leve.
Un río de manso fluir
sin medida del tiempo.
Sobre mi frente
caen sin cesar
(del oscuro arpegio de la noche)
guiños amables
de mis nuevas estrellas.
Autor: Juan Carlos Luis Rojas
detuve un momento
mi traviesa locura de niño.
Tras un golpe contra el horizonte, pude bajar
del caballo desbocado
que espolearon mis sueños.
Volví entonces mis ojos
de esas llanuras sedientas...
aquellas que insuflan
anhelos ardientes en el corazón/
¡Candor del pecho/
buscador de montañas imposibles!
Volví mis pasos.
¿Se rindieron acaso?...
Se aquietaron
para envejecer aún más
su cansada esperanza.
A mi espalda
vi un mar gris opaco/ brumoso...
¡Tantos ojos marchitos!
Vi a la pasión anhelante.
¡Ella era/ es/
el combustible del sol
quemando las alas de la vida!
Regresé del camino de la ilusión
tras la cortina lluviosa de las lágrimas.
Caminé sobre continentes antiguos
de sueños perdidos.
Amarrado en sus puertos
había barcos en cenizas humeantes.
Dejé en cada altar de sus mástiles
la bendición de un suspiro
y en el último
la rendición de mi espada.
Monté otra vez
con humildades nuevas
con tristeza dura/
con rumbo incierto/
El trote es leve.
Un río de manso fluir
sin medida del tiempo.
Sobre mi frente
caen sin cesar
(del oscuro arpegio de la noche)
guiños amables
de mis nuevas estrellas.
Autor: Juan Carlos Luis Rojas
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